Una vida con
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Jorge Paredes Romero |
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El 6 de Agosto de 1972 significó
para mi vida un giro de 180 grados, un accidente automovilístico en
la Quebrada de Guerreros, en la autopista Arequipa –
Mollendo, me
dejó más de medio cuerpo paralizado, en aquel momento solo podía
mover la cabeza. Hasta ese entonces era una persona sana, fuerte y
despreocupada existencia. Estudiaba en la Universidad Nacional “San
Agustín” de Arequipa, cursaba el 4to. Año, en la entonces Escuela de
Psicología y era un alumno de buen promedio. Si bien es cierto, no
era un líder político, si lo era de opinión y por ese entonces había
publicado un ensayo literario de carácter socio-psicológico,
titulado “La casa del jabonero”, mediante el cual propugnaba una
reforma carcelaria en el país. Para ello presenté un proyecto a la
Universidad, el mismo que fue acogido por el gobierno de entonces, y
el Ministerio del Interior nombró una Comisión presidida por un
sacerdote y que tomó contacto conmigo y empezamos a trabajar
inmediatamente. Iniciamos una serie de conferencias en el Paraninfo
de la Universidad, trasmitido por Radio Universidad, luego en un
canal de televisión local, y después en el Teatro Ateneo de la
Municipalidad de Arequipa, emisoras locales y medios de comunicación
escritos que dieron cobertura al tema. |
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Lamentablemente todo esto quedó
trunco, por lo menos en lo que se refiere a mi persona, me imagino otros
tomaron la posta y prosiguieron con el trabajo que hoy sabemos tiene
algunos resultados, ya que de ello devino la mejor presencia y labor de
los psicólogos en la rehabilitación de los internos en los penales de
Lima y el resto del país, aunque esto no ha dado los frutos que
realmente esperábamos.
No tengo una memoria precisa sobre lo
ocurrido, pero deben haber sido varios días los que no recuperé el
sentido total de lo ocurrido, solo recuerdo, que en
Mollendo, el Dr.
Velarde me decía que mueva los pies y al no poder hacerlo atiné a decir:
“Lo se Doctor, se lo que tengo… paraplejia, ¿verdad?, a lo que el Dr.
Velarde asintió con su cabeza, entrecruzando una mirada con mi tía Chepa,
quien me había criado durante toda mi niñez y adolescencia. Se que luego
me trasladaron a la ciudad de Arequipa, en donde fui intervenido
quirúrgicamente por el neurocirujano, Dr. Gustavo Rondón Olazabal, quien
era mi maestro en la universidad, en los cursos de Neuroanatomía y
Neurofisiología, a quien realmente le debo lo que pude recuperar en
motricidad y sensibilidad. Esa operación fue realizada pasados varios
días del accidente, ya que en Mollendo, lugar a donde me llevaron por
estar más cercano al sitio del accidente, no existía el cirujano
especialista, aunque si un hospital de buen nivel, inaugurado el año
1966, durante el primer gobierno del Arq. Fernando Belaunde Terry. Hoy,
en el 2008, ese nosocomio sigue con esas características, ser un inmenso
elefante blanco, con la eficiencia de una gran posta médica, pero sin la
presencia de especialistas para una zona de riesgo y tan necesitada de
cobertura sanitaria, por ser: puerto comercial, zona pesquera, agraria y
depósitos de combustibles. Pronto tendrá la resonancia de ser una zona
minera y de gran comercio internacional.
En Setiembre de 1972 soy trasladado a
la ciudad de Lima, donde soy nuevamente intervenido por el Dr. Marco
Gonzales Portillo, cirugía que fue innecesaria y no me explico como mi
padre fue engatusado, quizá por su amor paternal tuvo la esperanza de
que surgiera alguna mejoría, pero se que fue inútil; incluso alguien
cercano al equipo del Dr. Gonzales me dijo: “solo te abrieron y
volvieron a cerrar, no había nada que hacer, era inútil”. Una
laminectomía debe ser realizada, a más tardar a pocas horas del
traumatismo, de otra forma es inútil, posteriormente confirmé que esa
afirmación era correcta. Esta segunda operación que costó muchos miles de soles,
aparte de los gastos en una clínica de renombre, requisito del cirujano
que por ese entonces era patrocinador o accionista en dicha clínica.
Luego ese mismo cirujano, cuando ya m padre no tenía dinero, me trasladó
a un hospital del estado (Hospital Carrión del Callao), donde él era
Jefe de Neurocirugía. ¿Por qué no fui llevado allí en primera instancia?
A quien siempre agradeceré es al Dr. Rondón Olazabal de Arequipa.
Fue en 1973 en que conozco a 8
hermanos por parte de mi mamá y veo por primera vez juntos a mis padres,
los cuales nunca se casaron. Yo fui criado hasta ese entonces por mis
tías en la ciudad de Arequipa, nunca tuve un hogar normal, con padres y
hermanos. Mi mamá vivía en el distrito de Comas, por ese motivo es que
pasé a residir allí desde Octubre de 1973, en que fui dado de alta de la
Seguridad Social de entonces.
Un año de hospitalización y vanos
intentos de lograr una rehabilitación precisa y efectiva, que solo pudo
tener algún resultado en el poco tiempo que estuve en el Instituto
Nacional de Rehabilitación, donde logré bipedestar y deambular en
gimnasio, pero que no pude continuar por una lesión a nivel isquiática,
originada por un soporte ortopédico inadecuado que me fue indicado por
un fisiatra del hospital Rebagliatti del Seguro Social de Perú en 1973. Esa
lesión tuvo un recrudecimiento reiterado, que devino luego en una
osteomielitis, lo que ocasionó la pérdida de gran parte del fémur
derecho y casi muero a raíz de una septicemia el año 2001, crisis que
fue superada en el hospital Almenara y gracias a la persistencia de mi
familia, que no obstante los impedimentos que se presentaron supo
internarme por emergencia de dicho centro hospitalario donde fui dado de
alta en Mayo del 2001. Allí solo debido a una fuerte insistencia me
dieron alimentación enteral por dos meses y pude salvar la vida, pero
reitero, debido a una fuerte insistencia familiar, de otro modo hoy
estaría muerto. ¿Cuántos casos sucederán así? Ese equipo estaba en
almacenes del hospital y solo me fue colocado a exigencia de mi familia
quienes se enteraron de ello por un médico que nos dijo obviar su
nombre, pero yo moría, no había ya remedio para mi, solo ese recurso era
mi salvación, pero nadie lo indicaba. M familia se enteró y lo exigió,
pero: ¿Qué hubiera sucedido de no enterarse y de no exigirlo?
Luego de ello, todo el 2002 lo pasé
en la ciudad de Mollendo, donde inicié mi trajinar en la red de Internet
el 15 de Enero del 2002, con la primeras paginas Web dedicadas a
Mollendo y una personal, para después continuar con una serie de
trabajos periodísticos, los cuales culminaron con una revista virtual:
“Sociedad Latina”. Hoy existen en red cientos de comentarios sobre Perú
y decenas de páginas dedicadas a diversos temas, amigos e instituciones,
a quienes dediqué parte de mi tiempo.
Desde aquel 6 de Agosto de 1972 han
transcurrido 36 largos años, en los cuales he tenido múltiples
experiencias de todo tipo, conocido a muchísimas personas y me he
relacionado con toda clase de personas, desde presidentes de la
república, congresistas, ministros y diversas personalidades políticas,
religiosas, intelectuales y gente común, con quienes he alternado en
reuniones coloquiales, no todas concordantes, muchas con divergencias de
tipo filosófico, religioso y socio cultural, que me permitieron no solo
diferir sino también crecer y conocer muchísimos más ángulos de la vida,
para permitirme dar opiniones en los diversos foros a los que me tocó
acudir.
El accidente que ocurrió en aquella
fatídica carretera de la Quebrada de Guerreros, me condujo a la nueva
experiencia de vivir en una silla de ruedas por muchos años, hoy
transcurro muchísimo más tiempo en cama, debido a que me es mucho más
difícil estar sentado, por lo que mi acceso a la Internet es casi
obligada y ello me permite escribir y dedicar tiempo a la composición,
arreglos y grabación de creaciones musicales de diversos géneros.
Me visitan en casa muchas amistades,
quienes quizá desconocen sobre los pormenores de mi vida y mis vivencias
íntimas, encarando al dolor y el ingenio para poder sobrevivir, ser
esposo y padre y al mismo tiempo proyectarme profesionalmente en red y
procurarme medios auxiliares para suplir las necesidades propias de las
responsabilidades asumidas en la vida. Hay muchas cosas que se
desconocen de las personas con las cuales alternamos, esto no se
conversa, muchas veces por respeto a la intimidad y la privacidad, pero
que otras comparten en la necesidad de ser comprendido y quizá ser
atendido.
Lo cierto es que desde 1972, hace 36
años, tuve que ingeniarme para tener una vida solventen lo social e
intelectual, sobre todo por lo que tenía que realizar: acudir a eventos,
participar en reuniones y asistir a compromisos sociales, que daban a mi
vida sentido y proyección. Por diversos motivos he ido a Palacio de
Gobierno, al Congreso de la República, a Consulados, canales de
televisión, emisoras radiales, hasta convivido por varios días en
reuniones de personas con discapacidad, en casas, clubs o centros
parroquiales, disertado en diversos eventos de tipo político, religioso
y cultural, en escuelas, USEs., oficinas públicas, etc., es decir una
vida muy activa y de trascendencia, que hoy ya ha menguado en gran
parte. Me alegro por ello, por lo que hice, pero ello exigía recursos y
a la vez prestancia. He tenido muchos amigos que me ayudaron en su
momento, por ejemplo La Sra. Graciela de Saldaña, esposa de Julio
Saldaña, quien fue alcalde del distrito de Comas y madre de Miguel Ángel
Saldaña, actual alcalde del distrito comeño; Sor María Godbout Clermont,
religiosa canadiense que ha hecho un gran trabajo en bien de la niñez
peruana, labor que debería ser reconocida en su momento; Rolando
Sevillano, empresario en la línea de muebles y decoraciones; Ignacio
Miedzianagora, un buen amigo mollendino, más conocido como Nacho;
Orlando Cordero-Guerra, a quien considero un mecenas moderno; y muchos
otros amigos que sería largo enumerar pero que supieron llegar en el
momento preciso, aún cuando nadie les avisaba; Por ejemplo Carmen Cortez
de Perú Niñez, Jorge Meneses y muchos más.
Hoy después de 36 años de convivir
con la paraplejia creo haber cumplido de la mejor manera con los
diversos roles que me cupo desempeñar, ahora disfruto mucho como padre y
esposo, siempre tuve que dedicarme a los demás, ahora lo hago más a mi
familia, creo que es el más justo homenaje a quienes siempre merecen
nuestro cariño y devoción. Sin embargo durante todos estos años siempre
tengo un compañero inseparable: el dolor físico que supe atenuar,
gracias a manejar los umbrales de resistencia, es algo que aprendí desde
muy joven y que se desprendió de las
enseñanzas de mis maestros, solo así ahora puedo prescindir de
analgésicos y recurro más a la lectura y a escuchar música, para poder
paliar el dolor que algunas veces se torna muy impertinente, por no
decir molestoso, pero la ternura de Katty y de mis hijos es una gran
ayuda. De cada uno de ellos llega lo suficiente en cada momento del día,
sobre todo la satisfacción de hacer las cosas en su verdadera dimensión
y precisa ocasión.
Por otro
lado siempre fui sincero al decir que el sistema, “stablishment”
o Conjunto de dirigentes o personas que tienen el poder en Perú y que a
su vez es el resultado de lo establecido en la comunidad internacional,
la que influye en nuestra política integral, es la causa de todos los
males que se dan en nuestra patria.
Jorge Paredes Romero
Texto que será aumentado y corregido en cualquier momento |
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